Fototeca

El archivo fotográfico del Museo Festero, con más de seis mil imágenes, cuento un patrimonio visual muy importante de la historia de nuestras fiestas captada por los diversos aparatos que a lo largo de la historia, tan fotógrafos profesionales como aficionados, han empleado.

Las primeras imágenes se remontan a los albores de nuestras fiestas, en las últimas décadas del siglo XIX, y eran aprovechadas para captar las diversas comparsas cuando entraban en la Plaza Mayor en los días grandes de las fiestas. Pasado el tiempo, podemos disfrutar de los trajes de las comparsas que participaban, con instantáneas captadas en los actos centrales de la Semana Grande. Sería ya avanzado el siglo XX, cuando la fotografía se convierte en afición para una cantidad importante de festeros que desde entonces inmortalizan los días grandes de la fiesta.

En esta ventana mostraremos una parte importante de lo que es este legado fotográfico que el museo conserva y que expone públicamente en esta página web.

Joaquin José Cervino

Los más de mil doscientos pueblos que, alrededor del mundo, celebramos la Fiesta de Moros y Cristianos, lo único que tenemos en común son los textos, los parlamentos: las Embajadas.

De entre todas, en las de Ontinyent concurren una serie de circunstancias que las hacen únicas:

Su antigüedad, ya que están fechadas en el año 1860.

El hecho de saber su autoría: el Magistrado Joaquín José Cervino Ferrero.

La de estar escritas para Ontinyent ya que son constantes las referencias a sus parajes ya su gente.

Que continúan representando exactamente como desde su comienzo, no se ha variado ni una coma y sus versos tienen la misma frescura que el primer día.

Y, sobre todo, que llegan al corazón y consiguen emocionarnos cada año como si fuera la primera vez que las escuchamos.

El autor, JJ Cervino (1818-1883), es, entre otras muchas cosas, magistrado del Tribunal Supremo y secretario de SM la reina Isabel II y, al escribir las Embajadas del Moro y del Cristiano para las fiestas que se celebran en la villa de Ontinyent, pone toda la estima, la pasión y también su buen hacer como escritor.

La obra literaria de Cervino se puede resumir -que se dice pronto- en:

7 libros propios, entre poemas, novelas y obras de teatro,

17 libros más en compañía de otros compañeros escritores de la época.

Y un buen número de composiciones en verso que publican periódicos y revistas de la época, tanto de aquí como de América, principalmente en Argentina, donde en alguna ocasión, al publicar sus obras, hablan de él como “el mexicano JJ Cervino “.

El documento que se muestra a continuación es una copia manuscrita hecha por algún amante de la fiesta, que se conserva en el Museo Festero.

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Texto original del libro “Jurisprudencia práctica” de Pablo Cardellach y Busquets (1862). ” Al Señor D. Joaquín José Cervino, Caballero Comendador de número de la real y distinguida orden española de Carlos III, Secretario de SM, Oficial del Ministerio de Gracia y Justicia, primero “Gefe” (sic) de sección en la Dirección General del Registro de la Propiedad, etc. Muy Señor mío y amigo de toda mi consideración: Permitir V que al estampar sume número en esta página, ya que no puedo yo añadir brillo a los triunfos que V. ha logrado en el campo de las letras y en el mejoramiento de la Institución notarial, a cuya clase honradamente pertenezco, manifieste al menos a todos mis dignos Compañeros de profesion que també soy, entre Ellos, de los que agradeceria los esfuerzos de V. En nuestro favor, y de los que atestiguan sume probidad, super inteligencia y sume celo. Recibir V. Además Todas las atenciones de super afectísimo amigo y seguro servidor. QBSM Pablo Cardellach. “

Las comparsas del siglo XIX

La simple presencia de una cámara de fotos a finales del siglo XIX en cualquier ámbito de la vida social era suficiente para que las personas presentes los llamara la curiosidad. Un ensanche claro son las imágenes captadas en nuestras calles en los primeros años en que la fiesta en Ontinyent unía el mundo fotográfico y las celebraciones moro cristianas.

El Museo expone una cantidad importante de fotografía, desde las primeras captadas con las comparsas metro realizan su entrada en la Plaza Mayor hasta las que han sido galardonadas en los certámenes fotográficos que la Sociedad de Festeros ha organizado en varias etapas. Pero son las de mayor antigüedad las que más llaman la atención al visitante ya que se puede contemplar como de diferentes eran las fiestas de hace ya más de un siglo.

En estas imágenes se puede ver como la Plaza, a tope, esperaba que las comparsas, debidamente formadas, acabaron su desfile de la Entrada a los pies de los castillo. Vestidos de Contrabandistas, Marinas, Moros Marinos, entre otros, se ven con todo detalle; también se puede contemplar como la tradición en indumentaria se ha respetado en las comparsas más antiguas que mantienen sus vestidos tal como empezaron a desfilar a finales del siglo XIX, pero también podemos ver trajes de comparsas ya desaparecidas, como la de Zuavos o Churros , de las que poca o ninguna documentación se puede encontrar ya; así mismo como la población se volcaba con sus fiestas y llenaba la plaza y como los edificios ya se engalanaban para las fiestas mayores de verano de nuestra Ciudad.

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Vestidos Antiguos

Una gran parte de la colección museográfica expuesta por el Museo Festero son los vestidos más antiguos de las comparsas de Moros y Cristianos de Ontinyent, y como no podría ser de otro modo, estos vestidos también tienen una gran importancia en nuestra fototeca.

Las comparsas, a lo largo de su historia, han variado su indumentaria; el difícil acceso a materias primas para la confección y el elevado coste de algunos materiales han sido motivos, entre otros, que han producido estos cambios. En casi todos estos ejemplos, el Museo tiene almacenadas imágenes de los vestidos que las comparsas han sacado a la calle. Pero en esta colección tienen una importancia especial los trajes de las comparsas que hoy ya no participan en las fiestas: los Curas, los Churros, la Caballería Mora, comparsas que tan sólo podemos recordar, en algún caso, gracias a estas fotografías.

La composición de las fotografías también es muy diferente y variada, no sólo se hacían en las comparsas en las calles en la Entrada o en las Dianas, sino que los festeros también pedían la colaboración de fotógrafos profesionales para inmortalizar estas fechas festivas tan importantes en la vida de los ontinyentins.

Edificio de la Sociedad de Festeros

La Sociedad de Festeros fue fundada en el año 1865, aunque nuestras fiestas ya habían salido a la calle desde 1860 organizadas por una Junta de fiestas; desde aquellos años, la Sociedad se ubica, para reunirse y organizar las fiestas, en diferentes sedes de Ontinyent: domicilios particulares, casinos como el que se localizaba sobre el porche, entre otros, eran el preludio de la localización definitiva en el edificio adquirido en la Plazuela Latonda por la Junta de que en 1921 presidía José María Selva Escolano.

Aquel edificio, que a estas alturas todavía es la sede de la Sociedad de Festeros, ha sufrido muchas y diversas obras de habilitación, adecuación y reparación hasta llegar al imponente aspecto que actualmente tiene. El edificio primitivo tenía una primera planta de acceso para la Plazuela Latonda, donde se ubica desde aquellos años el Casino de la Sociedad de Festeros y un segundo piso destinado a las oficinas de la Sociedad; a lo largo de los años, a esta distribución se añadiría una nueva planta: la que hoy alberga las oficinas y la sala de juntas. Pero a este edificio se añadiría posteriormente el que daba acceso a la Plaza de Baix y que conectaba con el principal y dónde están las tres plantas que albergan el Museo Festero.

El paso de tiempo ha hecho que la sede de la Sociedad de Festeros sirviera de lugar de reuniones para diversas asociaciones culturales y deportivas de la ciudad de Ontinyent, de emplazamiento para poder hacer baile durante los difíciles años de la posguerra civil española y, por supuesto, del tradicional juego en el casino. Pero si hay un acto no ha cambiado de lugar de celebración ha sido el Desayuno de la Lágrima que, desde 1960, reúne a los festeros en el comienzo de nuestras fiestas para recordar a los festeros que ya no están entre nosotros ya que ostentarán los cargos de las fiestas de cada año.

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Las Reinas de Fiestas

Con motivo de la celebración del Centenario de las Fiestas de Moros y Cristianos de Ontinyent, la Sociedad de Festeros decidió instaurar la figura de la Reina de Fiestas que, acompañada de diez Damas de Honor, participarían en las fiestas de Ontinyent hasta en el año 1991, momento en el que se consideró que la representación femenina en la fiesta ya estaba completamente aceptada con la participación de las mujeres con pleno derecho en las veintidós cuatro comparsas de Ontinyent.

Estas treinta y una Reinas y sus Cortes de Honor fueron figuras protagonistas de los Moros y Cristianos en este periodo y participaban en gran cantidad de actos que expresamente se organizaban para rendirles homenaje: en la Noche del Pregón el domingo anterior a la Semana Grande, el Pregonero centraba su discurso en la imagen de la correspondiente Reina y de su Corte de Honor, la Cena de Gala que se celebraba el miércoles de fiestas en el Casino de la Sociedad de Festeros también servía para homenajear foto.

Entre todas, cabe destacar el nombre de la que fue la primera Reina de las Fiestas de Moros y Cristianos del año 1960, María Amor Tortosa Latonda, que desgraciadamente murió en el año 2012.

Castells

Desde el siglo XIX en las fiestas de Moros y Cristianos se emplea un elemento que hasta la actualidad ha sido testigo mudo de lo que ha sido la evolución de las fiestas en Ontinyent: el castillo de fiestas.

Muy lejos queda aquel castillo inicial de telones pintados que imitaba antiguas fortalezas y que se instalaba en la parte superior de lo que entonces era la Plaza de la Constitución. A finales del siglo XIX, estos telones fueron sustituidos por tablones de madera con la misma estructura que el castillo inicial, que fueron empleados hasta el año 1917. En 1918 se inauguraba un nuevo e imponente castillo; éste, que se utilizó hasta la Guerra Civil, también ocupaba la parte alta de la Plaza de Alfonso XIII y se instalaba de fachada a fachada. En los duros años de la posguerra fue sustituido por uno de arpillera que apenas pudo soportar una década de existencia. En 1948 un nuevo castillo era instalado en la fachada de la Casa Consistorial y la llenaba de varios elementos decorativos. Este perduró hasta 1984 ya que, poco a poco, perdió su estructura inicial ya que se instalaba apenas una pequeña parte.

Fue en 1985, con la conmemoración del 125 aniversario de nuestras fiestas, cuando se construiría el Castillo que aún hoy luce en nuestra Plaza Mayor, una obra imponente que contiene elementos característicos de la arquitectura en época de la Reconquista y que como sus antecesores es el decorado perfecto para las Embajadas del último día de las fiestas de Moros y Cristianos.

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Cargos

En la historia de las fiestas de Moros y Cristianos de Ontinyent los principales cargos de las fiestas han dejado imágenes irrepetibles en las que podemos disfrutar de los diversos trajes que se han empleado y de su evolución. El paso del tiempo se puede constatar en esta galería en la que se ven Capitanes del siglo XIX, cuando las barbas y las pelucas postizas forman parte importante de esta indumentaria. Más adelante las plumas y los terciopelos han dejado paso a los metales y los cueros que enriquecen estos trajes con materiales textiles de diferentes procedencias -sedes, liso y pieles autentiques- y que ricamente tratados nos trasladan verdaderamente en la época de la Reconquista.

El desfile de estos cargos por nuestras calles también ha sido realizada de muchas y diversas formas. El paso firme por el medio del recorrido de la Entrada dejó paso al uso de animales, que si bien en años lejanos eran los mismos que acompañaban a los ontinyentins en los trabajos del campo, en la década de los 80 ya eran camellos y incluso elefantes que servían de transporte para los Capitanes, para los Abanderados o para los Embajadores. En la segunda mitad del siglo XX empiezan a ser utilizadas carrozas de diferentes tamaños y diseños, que han acompañado también nuestros cargos. Hemos podido ver recorriendo nuestras calles reproducciones muy fidedignas de lo que podría ser un Palacio Árabe, una catedral cristiana o diferentes interpretaciones de nuestro castillo de fiestas.

Las imágenes que el Museo conserva en sus archivos de estos cargos nos hacen una idea de cómo ha evolucionado nuestra fiesta en la manera de desarrollar estos cargos, no sólo en la figura, sino también en la organización de sus acompañamientos, ballets , escuadras de negros o carrozas que participan en nuestras entradas y se integran perfectamente en un guión narrativo cada vez más trabajado y cuidadoso para las comparsas de las fiestas de Moros y Cristianos en Ontinyent.

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Las Fiestas del siglo XXI

La fototeca del Museo Festero, con más de 6000 fotografías, contiene una gran cantidad de imágenes antiguas con especial importancia para conocer lo que han estado las fiestas de Moros y Cristianos a lo largo de su historia, pero también alberga una colección importante de imágenes captadas en las últimas décadas que nos ayudan a conocer y entender lo que son las fiestas de hoy.

La Entrada, las Embajadas, la Bajada del Santísimo Cristo son momentos captados por los aficionados a la fotografía que componen imágenes irrepetibles en las que la fiesta, en su sentido más natural, es la protagonista. Los cargos de fiestas son también partícipes de estas fotografías en las que se puede disfrutar con gran detalle los trajes que, año tras año, se confeccionan expresamente para las fiestas de Ontinyent.

El esplendor de la Entrada de los Cristianos de tarde y los Moros por la noche llena de cámaras el recorrido del desfile, las avenidas del Almaig y Daniel Gil son los escenario de la espectacularidad de las Entradas en Ontinyent: escuadras de negros, caballos bateadores, camellos, carrozas, ballets y las diversas escuadras de las veintidós cuatro comparsas que desfilan en tan magnífico acto comparten protagonismo con los boatos, cuidados hasta el último detalle, de las comparsas que ostentan los cargos de Capitanía, Abanderados y Embajadores. Las Embajadas también tienen su apartado especial en esta colección: las imágenes de los trabucos, del público asistente y de la singularidad de nuestras Embajadas son captadas cada año en miles de instantáneas únicas.

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